Del Padre Slavko

Si del Padre Jozo dije que sentía una profunda y sincera admiración, del Padre Slavko tengo que decir que sentía (y siento) gran respeto y cariño. Lo del respeto lo digo porque la figura del Padre Slavko imponía respeto. Era alegre, tenía una fina ironía, buen humor, pero era muy serio con todo lo relativo a las Apariciones, a los Mensajes y a que los peregrinos se centraran en lo esencial : en la espiritualidad, en La Eucaristía, en la oración, en la entrega total…

Le molestaba enormemente que los peregrinos se fijaran en supuestos hechos extraordinarios : mirar al sol, ver fotografías “prodigiosas”, buscar señales continuamente. El mayor Milagro es la Eucaristía. La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida.

Y, ¿por qué digo lo del cariño? Contaba en el relato de mi segundo viaje, mi segunda peregrinación, lo que me ocurrió en la oración de sanación la tarde del último día.

Yo, como tantos peregrinos, llevaba mi carga de problemas, de los que allí casi ni me acordaba. Pero en el último día, ya cerca de volver a casa, me volvieron a pesar. Y fue en la “oración de sanación” que dirigía el Padre Slavko, cuando sus palabras se metieron en mi interior y al pedirle a Jesús que me liberase de mis problemas, Él me contestó, sin palabras, pero mucho más claramente : “No te quito tus problemas, pero en tus problemas, Yo estoy contigo”.

El Padre Slavko había estado glosando las palabras de Jesús : “Venid a Mí los que estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré”. Y él hablaba con Jesús : “Señor estamos cansados; Señor, estamos agobiados; Señor estamos enfermos, nuestra Fe está enferma, nuestra confianza en Ti está enferma, nuestra entrega no es completa, no es total…”

Y sus palabras se iban metiendo en mi interior, iban “calando”, empapando mi alma. El Padre hablaba en croata, italiano, francés e inglés. Yo le entendía en italiano y francés.

Ya he relatado este hecho en mi escrito anterior.

Fue tan extraordinaria la Presencia del Señor que sentí en esos momentos, que a partir de entonces sentí un gran cariño por el Padre Slavko y por la “oración de sanación”.

Para mí la “oración de sanación” es uno de los momentos más importantes del día en Medjugorje. Aunque, a veces, son muy parecidas de un día a otro, siempre procuro aprovecharlas y siempre las “disfruto”.

El Padre Slavko solía también dirigir las Adoraciones en la iglesia parroquial. Yo llamo a aquellos años los “buenos tiempos”. Nos poníamos, mi esposa mis hijas y yo, delante, entre el primer banco y los primeros escalones que suben al altar, donde está el cordón. Ese espacio se llenaba de peregrinos y cada uno seguía la Adoración Eucarística como podía: de rodillas o sentados en el suelo, pero con gran recogimiento. ¡Daba gusto ver las miradas de tantos peregrinos a la Sagrada Eucaristía!

Recuerdo haber visto cómo le brotaban lágrimas de los ojos al Padre Slavko en esos espacios de silencio de la Adoración. También las vieron mi esposa y mis hijas.

Una vez, mi hija pequeña, que entonces tenía unos once años, estaba todo el tiempo de rodillas en la Adoración, en el primer escalón. El Padre Slavko, el “duro” Padre Slavko, le hacía señales para que se sentara, pues llevaba mucho tiempo de rodillas.

A mi hija mayor que lloraba amargamente, porque se tenía que ir de Medjugorje, el Padre Slavko la consolaba diciendo :”No llores, La Virgen se va contigo”…

Como al principio yo hacía de guía del grupo y tenía que concertar las “citas” con los videntes y con el Padre Slavko, él me ponía a prueba. Yo le preguntaba : “Padre, ¿cuándo hablará a nuestro grupo?”. El Padre me contestaba : “Rezad, rezad…” Parecía que no me hacía caso, que no nos prestaba atención, que no le importaba. Y así varios días. Yo ya desistí, cansado de tanto insistir sin obtener ningún resultado positivo.

Pero el penúltimo día, por la tarde, con la iglesia abarrotada, yo estaba sentado en el suelo, apoyada mi espalda en una columna, con los ojos cerrados. De repente, noto que alguien me toca en el hombro. Era el Padre Slavko, venía para decirme que nos hablaría a la mañana siguiente, el día antes de irnos. No se había olvidado de nosotros y me había buscado y encontrado, entre tantos centenares de personas y eso que yo no estaba de pie, sino sentado en el suelo…

Sus charlas (me parece más familiar que conferencias, menos solemne) siempre empezaban igual : “Hace 19 años, 4 meses y 29 días (diría por ejemplo) que la Virgen se aparece aquí. Y ¿cuál es el Mensaje más importante?, nos preguntaba? Y la respuesta del Padre Slavko : SU PRESENCIA. ¡EL MENSAJE MAS IMPORTANTE DE LA SANTISIMA VIRGEN EN MEDJUGORJE ES SU PRESENCIA! Ella está aquí.”

Así como dije que no he visto a nadie hacer la Adoración de la Cruz como al Padre Jozo, también debo decir que no he visto a nadie explicar los Mensajes de La Santísima Virgen en Medjugorje, como al Padre Slavko.

En el video que hice sobre Medjugorje y que está colgado en esta página web, casi toda la explicación del Mensaje está basada en palabras del Padre Slavko y del Padre Jozo.

Por ejemplo :

“La conversión es un proceso diario que dura toda la Vida”

“La oración no debe ser una obligación, sino una necesidad. Tu no comes ni bebes, ni duermes, por obligación. Comes, bebes, duermes, porque lo necesitas. Pues así debe ser también con la oración.”

“Tienes que destinar una hora y un lugar para tu oración personal de cada día. No le puedes dar a Dios sólo el tiempo que te sobra.”

“No podemos pararnos en la oración vocal. Tenemos que llegar a la oración de contemplación.”

Le gustaban mucho las locuciones que recibía Jelena, promotora de los grupos de oración.

Escribió muchos libros de ayuda, orientación y profundización del Mensaje de La Santísima Virgen en Medjugorje.: “Ora con el corazón”(Manual de oraciones para los peregrinos), “Dame tu corazón herido” (sobre la confesión), “Celebren la Misa con el corazón”, “En la escuela del amor”, “Adoren a Mi Hijo con el corazón”, “Con Jesús y María en el Gólgota hacia la Resurrección”, “Oren juntos con el corazón gozoso”, “Madre, guíanos a la paz”, “Sígueme con el corazón”, “Conversaciones” y “Ayunen con el corazón”. Los libros de Fr. Slavko Barbaric han sido traducidos en veinte idiomas y se han impreso más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo.

En noviembre de 1992 tuve la dicha de recibir en mi casa al Padre Slavko y Marija Pavlovic. Se acercaron a mi casa para saludarles, tres sacerdotes y un hermano de San Juan de Dios. Uno de estos sacerdotes y el Hermano Juan Bosco había tenido dos pruebas personales, muy claras, de la autenticidad de las Apariciones de La Santísima virgen en Garabandal.

Habíamos preparado un acto en la capilla del colegio al que iban mis hijas. En esa capilla cabían más de 500 personas. Concelebraron la Santa Misa 9 sacerdotes. El Padre Slavko habló de Medjugorje y Marija tuvo la Aparición diaria de la Santísima Virgen. Yo estaba a su lado en ese momento.

Por la noche les llevé a Madrid, acompañado de otro sacerdote, de los que había ido a mi casa.

Como era viernes, tanto Marija como el Padre Slavko, sólo comieron pan y sólo bebieron agua.

El Padre Slavko era el alma de Medjugorje, me refiero a su papel como instrumento de Dios. Ciertamente, el alma de la Iglesia y de Medjugorje  es El Espíritu Santo.

El Padre Slavko era el director espiritual de los videntes, de la Comunidad Cenaculo y de las personas que estaban en la Aldea de la Madre, que él mismo fundó.

Todos los días subía al Pbrdo y los viernes, como mínimo, al Krizevac. Él fue el impulsor de la mayoría de las actividades que surgieron en Medjugorje, como el Festival de la Juventud.

Apenas dormía y su actividad era increíble. A su muerte se necesitaron 3 personas para poder continuar lo que hacía él sólo, con la Fuerza de Dios y de su querida Madre del Cielo.

Como les he contado muchas veces a las personas de mis grupos de peregrinos, el 24 de noviembre del año 2000, el Padre Slavko subía al monte Krizevac (Monte de la Cruz) como todos los viernes, dirigiendo el Via-Crucis de la Parroquia. Empezó a subir, a subir, a subir y no se paró; siguió subiendo… hasta llegar al Cielo. Su cuerpo se quedó parado en la última estación del Via Crucis. Como Jesús, pudo decir :”¡Todo se ha cumplido!”.

Al día siguiente, en el Mensaje mensual de la Santísima Virgen, Ella nos dijo : “…Quiero deciros que vuestro hermano Slavko ha nacido al Cielo y que intercede por vosotros…”

 

 

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