PALABRAS DEL PADRE PETAR A NUESTRO GRUPO (25-agosto-2016)

En nuestras peregrinaciones a Medjugorje de junio, julio y agosto (2016), hemos sido recibidos por el Padre Petar. Unas veces ha subido a nuestro autobús y en otras nos ha recibido en su iglesia parroquial.

En la peregrinación de agosto, pudimos grabar sus palabras dirigidas a nuestro grupo. Voy a poner a continuación esas palabras y la “oración de sanación”, que fue muy completa y que podemos releer, y rezar de vez en cuando.

 

“Me alegro de poder saludaros aquí en este momento. Os deseo la bendición de Dios y todo bien.

Nosotros vivimos en el tiempo de la gracia, este tiempo es el tiempo de nuestra purificación espiritual, de nuestra decisión por Jesús.

Nuestra querida madre, la Virgen María, viene a nosotros como la Madre de la Paz. Todos necesitamos la paz y no podemos ser felices sin la paz.

La paz es la plenitud de la alegría, la plenitud del amor. La paz es la plenitud de la vida y aquel que tiene esa plenitud de la vida, la paz, tiene también la felicidad y la salvación.

 Pero, solamente aquel que cree en Dios y que se convierte cada día, puede tener la paz.

Y la Fe es un acto de nuestra confianza y nuestra entrega a Dios. Si nos abrimos y nos entregamos a Dios, vamos a experimentar el Amor de Dios. Y si oramos, si buscamos la paz, Él nos va a dar la paz.

Así que es muy importante saber, sobre todo, que no hay Fe sin la conversión diaria, porque la conversión se basa en la Fe y la Fe se basa en la conversión. La conversión es una gracia, que nos ayuda a entender que vivimos de Dios y vivimos para Dios. Es cuando dejamos el primer lugar de nuestra vida a Dios, cuando Él es lo más importante en nuestra vida.

La conversión es la búsqueda de Dios, es vivir con Él. La conversión es cuando somos humildes ante Dios y cuando esperamos todo de Él. La conversión significa ser mejor cada día, más parecido, más semejante, a Dios.

Jesús ha dicho : “sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto, sed misericordiosos como el Padre Celestial es misericordioso”. Y para experimentar ese Amor misericordioso de Dios hace falta orar, orar con el corazón, no por  costumbre, ni por tradición.

La oración con el corazón es la oración con amor, es una oración firme, con una entrega completa. Es una oración humilde y perseverante. Es la oración con la Fe viva y con el corazón puro. Y cuando nosotros en la oración buscamos la voluntad de Dios, es la oración que más agrada a Dios.

Y sobre todo, entonces, como Jesús dice, en la oración lo más importante buscar en primer lugar el Reino de Dios. El Reino de Dios es la justicia, el amor y la paz. Es el amor, la misericordia y la bondad, es la santidad, es el paraíso. Si buscamos esto, Dios nos da todo lo demás. Pero nosotros lo primero que pedimos es la salud, ser felices.

Una familia vino a Medjugorje, de Italia, y tenían los hijos enfermos, especialmente un hijo. Rezaron cinco días, no pasaba nada y el quinto día el padre de familia habló con un sacerdote. “¿Por qué Dios no escucha mis oraciones?, ya llevo cinco días orando y ayunando y no está pasando nada”. Y el sacerdote quiso rezar por él, apretó su mano y dijo: “Dios no puede escuchar tus oraciones, porque has rezado con unos pecados graves en tu alma, tienes que confesarte y tienes que liberarte de un pecado así en la confesión”.

Y el hombre se hizo consciente de eso, se preparó para la confesión y se confesó. Y después de esa confesión, que duró media hora, dijo: “Ya soy feliz. Jesús perdonó mis pecados, me ha dado el don de la oración y ahora sé cómo voy a rezar, cómo voy a pedir”. Rezó por sus hijos y todos se fueron a casa sanos, alegres, felices, agradecidos a Dios. Eso es la oración del corazón puro y de la Fe viva.

Linda Christy vino de Canadá, llevaba dieciocho años sin poder caminar sin muletas y el último año vino en silla de ruedas. Sus amigos la llevaron al Monte de las Apariciones, ella rezó: “Oh Dios, hágase tu voluntad conmigo”. Y se curó. Después de un año volvió a Medjugorje, trajo todos los documentos de su enfermedad y dio el testimonio de que Dios está vivo y que la Virgen es nuestra madre.

Silvia Buso, una chica de Italia, después de haber pasado una enfermedad, después de tres días, se quedó sin fuerza en las piernas, se quedó en silla de ruedas, pero no se quejaba. Dijo: “Oh Dios, hágase tu voluntad”. Pasó nueve meses en silla de ruedas. Sus amigos la trajeron a Medjugorje. En el Monte de las Apariciones rezó el 24 de junio de 2005, no rezó por ella misma, por sí misma, sino por los demás. Rezó dos horas y durante la aparición se curó. Dijo: “yo he experimentado el amor de Dios, el amor de la Virgen. Jesús es mi gran amigo, mi gran salvador y ese Amor de Jesús es el don más grande que uno puede recibir en Medjugorje”. Y dijo: “yo siento la fuerza en mis piernas después de nueve meses”. Ha sanado y se fue feliz. Sus últimas palabras fueron: “Recemos el rosario y creamos y todo nos lo va a dar Dios”.

Veis, hermanos y hermanas, que la oración ferviente lo puede todo.

Catarina tenía esclerosis múltiple, durante muchos años sufría mucho. Su marido tenía cáncer, pero al contrario que su mujer, él se quejaba mucho, estaba enfadado con Dios. “Oh Dios, ¿por qué has permitido esto?, yo Te amaba, Te quería, Te rezaba y Tú permitiste esta enfermedad”. Y su mujer le dijo: “Querido mío, que esta enfermedad sea tu purificación, tu purgatorio, porque después de esta enfermedad vas directamente al Cielo”.

Su hijo encontró una chica y la chica quedó embarazada. Y él habló con su madre: “Mamá, tengo un problema, mi novia está embarazada”. “Oh, hijo mío, por qué has jugado con el amor, eres demasiado joven para esto”. “Pasó, mamá”. “¿Y ahora qué?”. “Mi novia dice que vamos a abortar este niño”. “No, no, porque entonces vas a cometer el pecado peor. Deja la escuela, la escuela no te va a dar la salvación y cásate con esa chica. Mi casa es grande, podéis vivir aquí, y también te voy a dar un puesto de trabajo”.

Después de cinco o seis días, que ella rezó insistentemente, su hijo pidió ir a Medjugorje, a rezar a la Reina de la Paz. Y en la iglesia ante la imagen de la Virgen rezó así: “Oh Santísima Virgen, Tú eres mi madre, yo sé que Tú me amas. Yo también te amo, intercede por mi familia, pide por mi marido, que él pueda aceptar su enfermedad, que diga “Oh Dios, hágase en mí tu voluntad”. Intercede también, por favor, por la novia de mi hijo, para que dé a luz, porque este niño se tiene que salvar. Y, oh Dios, hágase tu voluntad con mi enfermedad”. Cinco o seis minutos después de eso, esa mujer escucha la voz: “Tú estás curada, puedes ir y agradece a Dios”.

Su hijo se fue a comprar algunos recuerdos para llevar a casa. Y cuando regresó, ya no había silla de ruedas, no estaba su mamá allí. “Mamá, ¿dónde estás?”. “Aquí, estoy en la capilla”. “¿Qué pasó?”. “Jesús me sanó y gracias a Él mil veces”. Y regresaron a casa y frente a la casa estaba esperando su marido, que les dijo: “Ya no estoy enfermo”, la enfermedad que tenía desapareció.

Después de tres días viene su hijo y dice: “Mamá, tenías razón, decidimos casarnos por la Iglesia y vamos a tener este hijo”. Hoy viven como una familia, con muchos hijos.

Los que aman a Dios y cuentan con Dios, Dios hace todas las cosas para el bien.

Yo os pido : rezad, como mínimo, media hora todos los días, ir regularmente a la Santa Misa, todos los domingos. Los que tienen tiempo que vayan todos los días, porque la Santa Misa es el corazón y el alma de nuestra Fe. Un creyente verdadero, católico, no puede vivir sin la Santa Misa.

También leed las Santas Escrituras, porque es el alimento diario de nuestra alma. Si lo hacéis así, estoy seguro, yo os veo a todos en el paraíso.

Y ahora vamos a rezar una oración breve por la sanación del alma y el cuerpo.

Gracias Señor por estos peregrinos,

Yo sé que Tú los amas y los conoces,

Te pido bendícelos.

Capacítame a mí para poder rezar por ellos.

Tú, Jesús, eres El que siempre hace el bien,

Tú  amabas a los pecadores y a los enfermos,

Tú eres aquel que lo puede todo,

Tú eres nuestro médico divino,

Sanas todas las enfermedades, incluso las irreversibles,

Tú liberas de toda maldición.

Te pido Jesús, pon tu mano divina sobre estos peregrinos.

Concédeles la gracia, de que te experimenten a Ti como su Salvador, su Liberador, y su Redentor.

Ten piedad de ellos,

Tú eres lo más importante en nuestra vida,

A Ti te entregamos nuestros dolores y nuestros sufrimientos, nuestros pecados y dolores.

Tú conoces nuestras enfermedades y nosotros sabemos que Tú tienes el poder y la fuerza para ayudarnos.

Tú eres capaz de sanar el cuerpo, el alma, la mente.

Te entregamos nuestro pasado, sabemos todo lo malo que hemos heredado de nuestros padres, abuelos y bisabuelos.

Sana todo lo malo que hay en nosotros.

Te entregamos nuestro futuro.

No sabemos qué nos espera, pero Tú lo sabes todo. Guíanos.

Te entregamos este momento presente.

Recibe nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestro corazón, nuestra sangre y todos nuestros deseos, nuestras oraciones y buenas intenciones.

Te damos también todos nuestros pecados, que hemos cometido desde cuando nos conocemos a nosotros mismos, hasta el día de hoy.

Nos arrepentimos de todos los pecados que hemos cometido. Perdónanos.

Renunciamos a todo pecado, toda inmoralidad, toda maldición.

Gracias, Jesús, porque escuchas nuestra oración.

Tú sabes que queremos cambiar. Queremos vivir como Tú esperas de nosotros.

Con la fuerza de tu gracia, nosotros nos decidimos por Ti y aceptamos todo lo que Tú nos das.

Gracias por cada don. Concédenos el don del perdón, para que podamos perdonar a los que nos han ofendido.

Te pedimos por el don de la Fe. Ayuda a nuestra fe débil y tibia, sana nuestra fe tibia.

Fortalece nuestra esperanza. Concédenos el don del amor, para que podamos amar a aquellos que no nos aman, para que podamos amar a todos como Tú los amas.

Libéranos de toda adicción negativa, de toda adicción sexual, pecaminosa, de toda perversión. Libéranos de criticar y regañar a los demás y hablar mal de ellos.

A los fumadores, libéralos de la nicotina. Libéranos de disfrutar demasiado del alcohol. Libera a los jóvenes de las adiciones a la droga y al juego.

Tú eres nuestro médico divino,

Tú lo puedes todo,

Tú puedes sanarlo todo.

Gracias, porque has tomado nuestros dolores y nuestros problemas, nuestras preocupaciones y todo lo que nos agobia.

Nosotros fuimos salvados milagrosamente, fuimos salvados por tus Santas Llagas.

Tú nos sanas, Jesús.

Tú has merecido las gracias en la cruz, mientras estabas colgado allí.

Por eso, pon tu mano divina sobre cada uno de nosotros y haz que estemos sanos, que seamos libres.

Sana nuestro cuerpo enfermo, sana nuestra alma cansada. Sánanos de toda enfermedad, de cualquier tumor. Sánanos de todas las enfermedades del estómago. Sánanos de todas las enfermedades que nos impiden ser tuyos.

En este momento te presentamos a todos los enfermos, que se encomendaron a nuestras oraciones, Tú conoces sus dolores y sus sufrimientos.

¡Oh Jesús, bendícelos, santifícalos!

Disminuye sus dolores, sánalos, cúralos.

Ten piedad de todos los que sufren del alma y del cuerpo.

Yo te pido, Señor, alaba, glorifica a tu Padre en cada uno de ellos,

Que tu reino venga a nuestros corazones y que reine en nuestros corazones,

Que se haga tu voluntad con todos los niños y las familias,

Que todo sea para la mayor gloria de Dios.

Concédenos la gracia de vivir de tal manera, que podamos llegar al Paraíso.

Quédate con nosotros, Señor. Consuélanos, sánanos, libéranos, sálvanos.

Que el Señor esté con vosotros.

Por la intercesión de nuestra Madre Celestial, Reina de la Paz y de todos los santos, que os bendiga a todos,

Libera de todo, que os sane y acompañe con su bendición.

Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

[Amén].

Alabad a Dios con vuestra vida y quedaros en paz.

Gracias.

 

El padre también nos bendijo, individualmente, a todos los peregrinos.

 

(Puede que haya algún pequeño error, involuntario, en la traducción o en la transcripción)

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